Todos los momentos hay que admirar la vida, lo bello de las nubes donde la imaginación puede hacer milagros, donde puedes conquistar el cielo, donde puedes saber que cientos de personas lo observan, donde puedes estar segura que en todo momento estaré mirando hasta esperar el tiempo oportuno que inicien las estrellas, que me dibujen tu sonrisa, una flecha entre el corazón del brillo de esas ráfagas de luz.
Y dime tu, mi princesa; has visto las estrellas últimamente? Has contemplado el brillo de la luna?... yo me he cegado a admirarlas, porque solo me encanta el brillo de tus ojos y la calidez de tu pecho, porque no hay otra cosa tan grandiosa y mágica como tú.
Faltan las palabras para describirte, tantas que reinventaría el lenguaje, escribiría solamente un diccionario que llegaran todas las palabras al significado de tu nombre, haría una nueva religión donde seas tú mi diosa para adorarte a cada segundo y respirar de mi vida, pero sobre todo… faltaría tiempo para besarte, contemplarte… amarte con locura, con un nuevo sentimiento que jamás ha sentido tu corazón, cumplir tus deseos como en un cuento de hadas, pero sabes, también falta encontrar la salida al infierno donde estoy, donde me deja la incertidumbre de tu amor, de tu aroma, de saber lo hermoso de la vida mientras estoy a tu lado.
Ahora te confieso, mi princesa; que he deseado evaporarme y viajar por el aire en momentos inoportunos con la esperanza de besar tu frente, dejar esas gotas cálidas rodar sobre tu blanca piel, pero la suerte no me favorece, sigo siendo solo aquel ajeno a tu vida, del rumbo de tu mirada.
Quiero terminar mi sentir con miles de palabras bellas, pero solo tendrán valor si me permites decírtelas al oído toda una eternidad.
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